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Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos
y una revista vieja que dejaste aquí.
Me llevo los dos boletos últimos de colectivo.
Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que
vos habías dibujado; de mi boca sale un
globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas.
También me llevo una hoja de acacia recogida en la calle,
la otra noche, cuando caminábamos separados
por la gente.
Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito
como una ventana, y la ventana estaba tapada
por el agua y yo soplé y te vi,
y ese fue el día en que empezó la suerte.
Me llevo el gusto del vino en la boca (Por todas las cosas buenas, decíamos. Por todas las cosas
mejores que nos van a pasar).
No me llevo ni una sola gota de veneno.
Me llevo los besos cuando te ibas.
Y un asombro por todo esto que ninguna carta,
ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.
Eduardo Galeano
Las muy feas que me perdonen, más la belleza es fundamental. Es preciso que haya en todo eso algo de flor, algo de baile, algo de haute couture. En todo eso (o si no que la mujer se socialice elegantemente en azul como en
No hay término medio posible. Es preciso que todo eso sea bello. Es preciso que de pronto se tenga la impresión de ver una garza apenas posada y que un rostro de vez en cuando adquiera ese color único del tercer minuto de la aurora.
Es preciso que todo eso sea sin ser, pero que se refleje y florezca en el mirar del hombre. Es preciso, es absolutamente preciso, que sea todo bello e inesperado. Es preciso que unos párpados cerrados recuerden un verso de Eluard y que en unos brazos se acaricie algo más allá de la carne: que se les toque como el ámbar de una tarde. Ah, déjenme decir que es preciso qu
e la mujer que está allí como la corola ante un pájaro sea bella o tenga por lo menos un rostro que recuerde un templo y sea leve como un resto de nube: mas que sea una nube con ojos y nalgas. Lo de las nalgas es importantísimo. De los ojos, entonces ni decirlo: que miren con cierta frialdad inocente. Una boca fresca (nunca húmeda) es también de extrema/pertinencia.
Es preciso que las extremidades sean flacas; que unos huesos sobresalgan, especialmente la rótula en el cruzar de piernas, y las puntas pélvicas cuando se enlaza una cintura ondeante.
Gravísimo es sin embargo el problema de los huesos claviculares: una mujer sin ellos es como un río sin puentes. Indispensable que haya una hipótesis de barriguita, y en seguida la mujer se alce en cáliz, y que sus senos sean una expresión grecorromana, más que barroca o gótica y puedan iluminar la oscuridad con una potencia mínima
de5bujías.
Es muy menester que calavera y columna vertebral casi se muestren; y que exista un gran latifundio dorsal, que los miembros terminen como tallos, y bien haya un cierto volumen de muslos y que sean lisos, lisos como el pétalo y cubiertos de suavísima pelusa, sensibles, sin embargo, a la caricia a contrapelo.
Es aconsejable en la axila una dulce gramilla con aroma propio. Casi imperceptible (un mínimo de productos farmacéuticos!)
Preferibles sin duda los pescuezos largos de manera que la cabeza dé a veces la impresión de ser ajena al cuerpo, y la mujer no recuerde
flores sin misterio. Pies y manos deben contener elementos góticos
discretos. La piel debe ser fresca en las manos, brazos, dorso
Y rostro, pero que las concavidades y los huesos tengan una temperatura nunca inferior a los 37 grados, pudiendo eventualmente provocar quemaduras de primer grado. Los ojos, que sean de preferencia grandes y su rotación al menos tan lenta como la de la tierra; y que estén siempre más allá de un invisible muro de pasión
que es preciso traspasar. Que la mujer sea en principio alta
o, si baja, que tenga la actitud mental de las altas cumbres.
Ah, que la mujer dé siempre la impresión de que, si cerráramos los ojos, al abrirlos ella ya no estaría presente con su sonrisa y sus enredos. Que ella surja, no que venga; que parta, no que se vaya
y que posea una cierta capacidad de enmudecer súbitamente
y hacernos beber la hiel de la duda. Oh, sobre todo que no pierda nunca, no importa en qué modo, no importa en qué circunstancias, su infinita volubilidad de pájaro; y que acariciada en el fondo de sí misma que transforma en fiera sin perder su gracia de ave; y que
exhale siempre el perfume imposible; y destile siempre la embriagadora miel; y cante siempre el inaudible canto
de su combustión; y no deje de ser nunca la eterna bailarina
de lo efímero; y en su incalculable imperfección constituya la cosa más bella y más perfecta de toda la creación innumerable.
Vinicius de Moräes


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
El libro de los abrazos. Eduardo Galeano. Siglo XXI, 1989
Pedro Algorta, abogado, me mostró el gordo expediente del asesinato de dos mujeres. El doble crimen había sido a cuchillo, a fines de 1982, en un suburbio de Montevideo.
La acusada, Alma Di Agosto, había confesado. Llevaba presa más de un año; y parecía condenada a pudrirse de por vida en la cárcel.
Según es costumbre, los policías la habían violado y la habían torturado. Al cabo de un mes de continuas palizas, le habían arrancado varias confesiones. Las confesiones de Alma Di Agosto no se parecían mucho entre sí, como si ella hubiera cometido el asesinato de muy diversas maneras. En cada confesión había personajes diferentes, pintorescos fantasmas sin nombre ni domicilio, porque la picana eléctrica convierte a cualquiera en fecundo novelista; y en todos los casos la autora demostraba tener la agilidad de una atleta olímpica, los músculos de una fuerzuda de feria y la destreza de una matadora profesional. Pero lo que más sorprendía era el lujo de detalles: en cada confesión, la acusada describía con precisión milimétrica ropas, gestos, escenarios, situaciones, objetos...
Alma Di Agosto era ciega.
Sus vecinos, que la conocían y la querían, estaban convencidos de que ella era culpable:
--¿Por qué? --preguntó el abogado.
--Porque lo dicen los diarios.
--Pero los diarios mienten --dijo el abogado.
--Es que también lo dice la radio --explicaron los vecinos--. ¡Y la tele!
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
Celebración de la amistad
En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.
En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente
del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
-Llave, por llave -me dice Mario Benedetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él
llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de
cinco amigos: las llaves que lo salvaron.
Celebración de las bodas de la razón y el corazón
¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos?. Desde que entramos
en la escuela o en la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña
a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón.
Sabios doctores de …tica y Moral han de ser los pescadores de la costa
colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir al lenguaje
que dice la verdad.

San Salvador de Jujuy, 29 de MARZO de 2010.-
PARTE DE PRENSA
LA COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS, EL MOVIMIENTO TUPAJ KATARI Y YASWA ARTE Y CULTURA INVITA A TODA LA COMUNIDAD JUJEÑA A ASISTIR AL CICLO DE MUSICA EN VIVO “MELODÍA REBELDE” QUE SE REALIZARA EL JUEVES 8 DE ABRIL A PARTIR DE LAS 19 HS. EN LOS GALPONES RECUPERADOS DEL MOVIMIENTO TUPAJ KATARI, CITO AV. URQUIZA S/N FRENTE AL NACIONAL Nº 1.ACTUARA:
HIJOS DE LA PACHA
Este grupo nació en el año 2005. Su primera presentación fue en mayo del mismo año en el Club Lujan. A partir de ese día el grupo empezó a recorrer los diferentes escenarios de la Provincia de Jujuy llegando en el 2007 al escenario mayor del "ENERO TILCAREÑO". En el año 2009 participaron por primera vez en el recital por la memoria organizado por la COMISION D.D. H.H., a partir de ahí el grupo comenzó a cumplir una misión que fue adherirse a la lucha en contra del olvido y a recuperar la memoria de un pueblo entero a través de su música.
Está integrado por: Sebastian Colque (vientos, voces),Agustin Vilte (vientos, voces),Ernesto Culcuy (1ra guitarra), Adrian Vargas (bajo), Claudio Rojas (2da guitarra,voces ), Emanuel Cruz (charango, voces), Gastón Aranda(bateria), Emiliano Culcuy (percusión).
Su repertorio es fruto del rescate de diferentes canciones de la música jujeña y el altiplano en general.
S. Dali, El Cristo de San Juan de la Cruz, 1951, 205 x 116 cm., �leo sobre lienzo, Art gallery, Glasgow.Este artículo pertenece al libro Con ánimo de ofender, de Arturo Pérez-Reverte. En él se recogen los artículos que el escritor publicó en el suplemento El Semanal de 1998 a 2001. La recomendación se debe a su extrema sensibilidad. Cada vez que lo leo me estremece al extrapolar la situación e identificar a mis propios abuelos en el relato. Debido a la longitud del texto pensé en recortar algunas partes, pero creo que cada detalle es imprescindible, por eso prefiero postearlo íntegro. Espero que les guste tanto como a mi.
Fue el otro día, en Gijón. Era domingo y hacía sol, y la playa, y el paseo marítimo, estaban a tope de gente remojándose en el agua o apoyada en la barandilla de arriba, mirando el mar. Todo apetecible y muy de color local, gente de allí en plan familiar sin apenas guiris. Era agradable estar de codos en la balaustrada, observando la playa y las velas de dos barquitos que cruzaban lentamente la ensenada. Había una cría dormida sobre una toalla junto a la orilla, y chiquillos que alborotaban entre los bañistas, y jovencitas en púdicos bikinis y mamás y abuelas en bañador respetable que charlaban mojándose los pies. Y un niño rubito y tenaz, un tipo duro que había hecho un castillo de arena y estaba sentado dentro, reconstruyendo impasible la muralla cada vez que el agua la lamía, desmoronándola. Lo que, por cierto, no es mal entrenamiento de vida cuando apenas se han cumplido siete años.
La pareja no me habría llamado la atención, había doce semejantes, de no ser porque vi el gesto de la mujer. Eran dos abueletes que habían estado un rato a remojo. Llevaba ella un vestido de esos veraniegos para señora mayor, estampado, con botones por delante, y una cinta en el pelo que recogía el cabello gris. Era regordeta y menuda. Él estaba en bañador, calzón de playa de color discreto, y se abotonaba despacio, con dedos torpes, los botones de la camisa gris de manga corta. Tenía las piernas flacas y pálidas, de jubilado al que le queda verano y medio, y la brisa le desordenaba el pelo blanco alrededor de la frente salpicada, como sus manos, con las motas que la vejez imprime en la piel de los ancianos. Los dedos del hombre no acertaban con el último ojal, y vi que la mujer le apartaba delicadamente la mano y se lo abotonaba ella, y luego con un gesto lento y tierno, le pasaba la mano por la cabeza, como si quisiera arreglarle también un poco del pelo, peinárselo con los dedos y dejarlo un poco más guapo y presentable.
Me quedé mirándolos hasta que se alejaron camino de las escaleras, y aún vi que él se apoyaba en el hombro de ella para subir los peldaños. Y me dije: ahí los tienes, Arturín, toda la vida juntos, cincuenta años viéndose el careto cada día, y los hijos, y los nietos, y cállate, y lo que yo te digo, y el fútbol y aquella época en que él volvía tarde a casa, y el mal genio, y el verlo tanto en sus momentos de hombre que se viste por los pies como en los momentos de miseria; y en vez de despreciarlo de tanto asomársele dentro, de no aguantarlo por gruñón o por egoísta, ella aún tiene la ternura suficiente para ponerle bien el pelo después de abrocharle ese último botón en el ojal. Y a lo mejor él ha sido un tío estupendo o un canalla, y eso no tiene nada que ver, y resulta compatible con el hecho de que ella, que parió sola, que se calló por no preocuparlo cuando se sintió aquel bulto en el pecho, que se ha estado levantando temprano todo la vida para tener paz en una cocina silenciosa, le siga profesando una devoción que nada tiene que ver con lo que llamamos amor; o a lo mejor resulta que el amor es eso y no lo otro, ese ejercicio de lealtad que puede consistir en repeinarlo con la mano y decirle ponte guapo, Manolo. En que ella, que siempre fue al médico sola hasta cuando pensó que se iba a morir, entre en la consulta con él y le diga siéntate aquí, anda, estate quieto, que ahora viene el doctor. En cerrarle con disimulo la bragueta cuando él sale a pasitos cortos del servicio. En dedicarle una vida que el no siempre supo merecer.
Y ahora él depende de ella, y es ella la que lo sostienen como en realidad lo ha sostenido siempre, y un día Manolo, o como se llame, dirá adiós muy buenas; y ella, que renunció a tantos pequeños sueños, que se impuso a sí misma un extraño deber unilateral, que no vivió nunca una vida propia que no fuera a través de él, se quedará de golpe quieta y vacía, perdida su razón de ser, con hijos y nietos que de pronto se antojan lejanos, extraños. Añorando la cadena que la ató recién cumplidos los veinte, cuando casarse, poner una casa, tener una familia, era un sueño maravilloso como el de las poesías y las películas. A lo mejor, antes de hacer mutis, él tiene tiempo decencia y lucidez para darse cuenta de lo que ella fue en su vida. Y entonces echará una lagrimita y le dirá eso de que lamenta haberla tenido como una esclava, etcétera. Y ella, una vez más, se callará y le pondrá bien el pelo, para que agonice guapo, en vez de decirle: a buenas horas te das cuenta, hijo de la gran puta.
ARTURO PEREZ REVERTE.


ALEJANDRO DOLINA.
Actúan: Nadia Ruge, Juan Castro Olivera y Ariel Monterrubianesi
Asistencia técnica: Fernanda Dominguez
Plástico: Marcelo Coca
Diseño Grafico: Ariel Monterrubianesi
Dirección: Fabiola Quintos
Producción: LA MAR EN COCHE Bar Cultural.
En el teatro de La Vuelta del Siglo a las 22 hs. Próximas funciones 25 de marzo y 16 de abril.

La música los unía, un mar los separaba, un lugar en la primera fila siempre la esperaba.
Un concierto tras otro, se quedaba pensando en el, se lo imaginaba en el escenario, con su pelo suelto, una remera color negra, jeans, y zapatillas.
En sus sueños, no veía a los demás músicos, solo a el, tocando su saxo, apasionado con su música, mirando de ves en cuando hacia el publico, a un lugar en especial, un asiento que siempre vacío espera que ella se siente en el, y en su lugar una rosa blanca.
Si, una rosa, en aquel lugar vacío, nadie se sienta , como tampoco es tocada, ninguna de las fans nunca hizo por llevársela. Tal ves se preguntaban para quien era o quizás porque llevaba tiempo sin ser ocupado, quien era la destinataria de tan bella flor.
Sabia cuan apasionado estaba con la música, al cerrar los ojos, podía verlo, como si estuviera allí, podía escuchar los gritos de sus fans, la emoción y la pasión que pone en cada nota musical.
Soñaba con poder estar allí y ser parte de esos aplausos, ser una más de tantas que seguro la t
iraban besos, regalos, cartas y hasta una que otra ropa interior.
De tanto en tanto miraba su reloj, se preguntaba, cuantas canciones habrían tocado ya, cuantas miradas se habrán perdido en aquel lugar vacío.
Tantas cosas pasaban por su cabeza, tanta curiosidad tenia, tantos deseos de estar y no poder, solo con su imaginación podía alcanzar aquel sueño.
Alguien tal ves se abra preguntado cual de los músicos guardaba aquel asiento, quien de todos se ocupaba en dejar aquella rosa? no podía saberlo, y nadie podría contárselo.
Su fantasía era tan grande, que llego a pensar, que una de las canciones era dedicada a ella, que al tocar su saxo, cerraba los ojos y al volverlos a abrir, podía verla allí ocupando su puesto con aquella rosa en la mano, sonriéndole.
Pero el sueño no terminaba ahí: al finalizar la función lo veía dirigirse hacia aquel lugar vacío, recoger la rosa llevársela a su rostro, sentir su perfume y darle un beso a sus pétalos.
Al llegar a su casa, antes de irse a dormir, besarla nuevamente despacio, con los ojos cerrados pensando que son sus labios, los que esta besando, dejándola repasar en su almohada para así poder respirar su perfume mientras duerme....Entonces apaga la luz y en voz muy baja así susurrando se va quedando dormido diciendo ,- Hasta mañana guapa.....................
Abre los ojos, el sueño termina, estira la mano y o casualidad, retira una rosa de su almohada, esboza una gran sonrisa y dice con la mayor tranquilidad,- Buenos días corazón, que hermoso estuvo tu concierto, algún día ya no abra lugares vacíos....................
MYRU R.

EL JUEVES 25/02
"LA MAR EN COCHE"
Te invita a Disfrutar del Primer concierto, Del canta-autor Salteño, Martin Chalup,......
(ricas comidas y buena bebida).
Viernes 27/02 Fiesta del Sombrero!!!..........todo lo demas es sorpresa........
Sabado 28/02 El Cumpleaños de Don Carnavalito Teatro..........Excelente Musica.... y muchas emociones!!!!
LA MAR EN COCHE - "BAR CULTURAL" - Puna 173 / bº San Pedrito - San Salvador de Jujuy - Jujuy / Argentina